Mientras la Comisión Nacional del Agua (Conagua) continúa atribuyendo la falta de acciones a la insuficiencia presupuestal, la presa El Batán, en el municipio de Corregidora, permanece invadida por el lirio acuático, una problemática que durante meses ha exhibido la falta de capacidad de reacción de la autoridad federal encargada de administrar los cuerpos de agua del país.
Desde marzo pasado, autoridades municipales advirtieron que cerca del 60 por ciento del espejo de agua de la presa se encontraba cubierto por esta planta invasora, situación que afecta la calidad del agua, disminuye el oxígeno disponible y acelera el deterioro ambiental del embalse. Sin embargo, la respuesta de Conagua se limitó a reconocer que los recursos eran insuficientes y que sería necesario gestionar presupuesto adicional para intervenir.
El director local de Conagua en Querétaro, José Gerardo Sinecio Ríos, reconoció públicamente que “los recursos son limitados” y que no existe dinero suficiente para atender todas las necesidades de mantenimiento de las presas del estado. Incluso admitió que la limpieza del lirio dependería de la coordinación con municipios y del presupuesto disponible.
No obstante, esa explicación deja una pregunta inevitable: si Conagua conoce desde hace meses la magnitud del problema y es la autoridad responsable de las presas federales, ¿por qué la solución sigue dependiendo de futuras gestiones y no de acciones concretas?
La contradicción resulta evidente. Mientras la dependencia federal participa en reuniones institucionales sobre el futuro hídrico de Querétaro y mantiene un discurso de coordinación, el deterioro de uno de los embalses más importantes de la zona metropolitana continúa avanzando sin una intervención integral.
La situación cobra mayor relevancia porque la presa El Batán forma parte de la estrategia hídrica para fortalecer el abastecimiento de agua en la entidad. Permitir que el lirio acuático prolifere durante meses incrementa los costos de recuperación y evidencia una política reactiva en lugar de preventiva.
Aunque Conagua anunció una bolsa cercana a los 10 millones de pesos para mantenimiento de presas en Querétaro, el propio organismo reconoció que dichos recursos no alcanzan para atender todas las necesidades existentes.
La falta de inversión sostenida y de mantenimiento oportuno refleja un problema que va más allá del lirio acuático: expone el rezago en la conservación de la infraestructura hidráulica federal y la ausencia de una estrategia eficaz para evitar que los embalses lleguen a condiciones críticas.
Hoy, mientras el lirio continúa extendiéndose sobre la superficie de El Batán, la respuesta oficial sigue siendo la misma: esperar recursos. Y cada día de espera representa un mayor costo ambiental, económico y operativo para un estado que enfrenta uno de los mayores retos hídricos de su historia.

